EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL SURGE DEL ESFUERZO DIARIO DE CAMBIARNOS A NOSOTROS MISMOS

Así es como nosotros cambiamos. No tenemos que permanecer como estamos; no necesitamos convertirnos en “muebles psicológicos”, como Paramahansaji solía decir. Los muebles nunca cambian. Si estuviera en su forma original, crecería y produciría, pero cuando es transformado en una silla o en una mesa deja de mejorar. Ya sólo se hace viejo, se deteriora y desmorona.

Para crecer espiritualmente hay que estar intentando constantemente cambiarnos a nosotros mismos. La espiritualidad no es algo que pueda injertarse a nosotros desde fuera – como un “halo” que pudiéramos modelar y poner en nuestras cabezas-. Proviene de un continuo y paciente esfuerzo día a día y de un relajado sentido de entrega a la Divinidad. No es que repentinamente la Luz de Dios descienda sobre nosotros y nos convierta instantáneamente en unos santos. No; es nuestro esfuerzo diario por cambiarnos a nosotros mismos y de entregar nuestro corazón, mente y alma a Dios, en la meditación y en la actividad.