
En una u otra ocasión, todos hemos llegado a ese punto en que los problemas nos parecen tan abrumadores que nos sentimos incapaces de afrontarlos. Pensamos: «He alcanzado mi límite físico, mental y emocional. He puesto en práctica todas las soluciones que vinieron a mi mente. ¿Qué otra cosa podría hacer ahora?». Muchas personas buscan la ayuda de un médico o de un psicólogo, lo cual parece bastante lógico. Pero llega un momento en que los profesionales de la salud tampoco pueden ayudarnos. ¿Qué hacer, entonces?
Creo firmemente en el poder de entregarse a la voluntad divina y de dejar nuestras vidas por completo en las manos de Dios. Él puede salvarnos de toda crisis, a pesar de los pronósticos funestos de cualquier ser humano. Yo he padecido muchas enfermedades, pero jamás me he apartado del Poder Divino, pues sé que Él me sostiene. Una y otra vez, el Señor me ha demostrado su ayuda.
Para beneficiarnos del poder ilimitado de Dios, es preciso desarrollar más confianza y fe en Él. Paramahansa Yogananda me dijo en cierta ocasión: «Interiormente, aférrate siempre a la siguiente plegaria: «Señor, hágase tu voluntad, no la mía»». Con gran frecuencia, las personas temen entregarse a Dios, porque realmente no confían en Él. No están seguras de que lo que Él les ofrezca vaya a ser lo que ellas desean. Y por lo tanto, aunque afirmen «Hágase tu voluntad», no lo dicen sinceramente -y ahí es donde reside su error.
Mientras consideremos que con nuestras solas fuerzas somos capaces de manejar nuestras vidas, no estableceremos contacto con Dios. Antes de que pоdamos recibir la gracia del Ser Divino, debemos abandonar la ilusión de que el pequeño ego es suficiente. Cuántas personas se extravían porque piensan: «Yo puedo hacerlo solo». ¡No, no podemos! No nos es posible ni siquiera respirar, o levantar el dedo meñique, por nosotros mismos. En todo momento dependemos por entero del Señor, pues Él nos sostiene a cada instante.
Sri Daya MataLa. Libro «Intuición, guía del alma para tomar decisiones acertadas». Pág 50


