SI TENÉIS FE, NADA OS SERÁ IMPOSIBLE

SI TENÉIS FE, NADA OS SERÁ IMPOSIBLE

«Señor, auméntanos la fe», fue la petición que los discípulos hicieron a Jesús. Incluso un grado moderado de fe intuitiva puede lograr maravillas, en una medida mucho mayor que la simple creencia o el poder intensificador de la imaginación. Una persona que no medita o que no comulga con Dios podría pararse frente a un árbol y decir, con toda su convicción humana apoyada por una poderosa imaginación: «Ordeno que seas arrancado de raíz y trasplantado en el mar». Naturalmente, eso no ocurrirá. Mediante la creencia o la imaginación sujetas a limitaciones no se logran milagros, sino sólo a través de la unión del Ser con Dios.

Con su propia experiencia y ejemplo, Jesús enseñaba que es posible desarrollar la intuición y el supremo poder de materialización de la fe, inherentes al alma, en aquellos que meditan profundamente y que no estimulan su identificación con el cuerpo, pues no dependen sólo de lo material como fuente de sustento. Cuando el alma permanece continuamente identificada con el ilusorio cuerpo onírico, adopta las debilidades de ese conjunto de materia y olvida ejercitar la fe todopoderosa que se oculta en su interior. Si uno se deja llevar por el júbilo o la tristeza dependiendo de las fluctuantes condiciones de salud y enfermedad que invaden el cuerpo, termina perdiendo la fe. El alma no puede estar enferma ni saludable, ya que está hecha a la imagen incorpórea de la perfección de Dios. Aquel que siente alegría porque se encuentra en un onírico estado de buena salud, o se acongoja porque ha contraído una afección onírica, o teme a la enfermedad y se aflige cuando se presenta, está soñando el sueño del engaño cósmico y no es interiormente libre. Por ello es preciso que todo devoto medite concentrándose en su bienaventurado Ser trascendente y permanezca en ese estado de conciencia de gozo eternamente renovado. Es preferible experimentar la perfección del alma -que es inmortal- que simplemente adquirir por medio del poder mental la salud del cuerpo transitorio, que debe desecharse con la llegada de la muerte. Una vez que la conciencia del devoto se une finalmente a la Conciencia Cósmica, la cual sostiene y controla la multitudinaria variedad de formas oníricas del onírico universo cósmico, entonces, merced a dicha conciencia, «todo es posible para quien cree».

Al dirigirse a sus discípulos, Jesús puntualizó que el modo de despertar el poder de la fe consiste en experimentar la presencia de Dios dentro del propio Ser. Para llevar a cabo difíciles curaciones sobrenaturales u otros fenómenos milagrosos es necesario realizar primero el milagro supremo: lograr la unión consciente del alma con Dios, a plena satisfacción del Ser y del Padre Divino.

Está en la naturaleza de la fe el poder crear todo cuanto desee. Quien cree con gran firmeza en la realización de un deseo comprueba antes de estar en condiciones de mover montañas, que tarde o temprano éste llega a cumplirse. Pero uno debe ser capaz de demostrar ese poder divino por medio del logro de pequeños objetivos que surjan en la vida. Es preciso desarrollar la fe utilizándola para resolver dificultades menores; de ese modo, uno se prepara para desatar los nudos gordianos de los problemas más intrincados de la vida.

Paramahansa Yogananda. Libro “La Segunda Venida de Cristo – Volumen II”. Pág 373.

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