
UN NUEVO COMIENZO PARA EL AÑO NUEVO
Hemos comenzado el Año Nuevo con una conciencia renovada. Cada día, procuremos reemplazar los hábitos indeseables por acciones y hábitos buenos. Que todos podamos experimentar el gozo de otras ocasiones semejantes a esta Convención, y recibamos tal aliento de dichas experiencias que la oscuridad de la ignorancia pueda ser disipada para siempre por la intensa luz de ese gozo. Tengo la dicha de contemplar al Señor en esta ocasión, y de contemplar su inspiración en todos los presentes. Tengo la inconmensurable bendición de haber oído a Dios hablar a través de los labios de estas divinas almas.
Fue Dios quien me habló de su divino aprecio. Todos somos dioses; y cada uno debe saberlo. Detrás de la ola de nuestra conciencia se encuentra el mar de la presencia de Dios. Debes mirar en tu interior. No te concentres en la pequeña ola del cuerpo y sus debilidades; mira debajo. Cierra tus ojos y verás la vasta omnipresencia ante ti, en cualquier parte que mires. Estás en el centro de esa esfera y, conforme eleves la conciencia más allá del cuerpo y sus experiencias, te darás cuenta de que esa esfera está llena con el gran gozo -con la gran bienaventuranza- que ilumina las estrellas y otorga su poder a los vientos y las tormentas. Dios es la fuente de todo nuestro gozo y de todas las manifestaciones de la naturaleza.
No hay que ganarse a Dios. «Buscad primero el Reino de Dios […] y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así pues […] no estéis inquietos». San Mateo 6:33.
Despierta de la oscuridad de la ignorancia. Has cerrado tus ojos en el sueño del engaño. ¡Despierta! Abre los ojos y contemplarás la gloria de Dios, el vasto panorama de la luz de Dios esparciéndose sobre todas las cosas. Estoy diciendo que seas un realista divino, y encontrarás así las respuestas a todas las preguntas en Dios. La meditación es el único camino. Las creencias y las lecturas no pueden darte la realización. Sólo mediante la meditación, practicada en la forma adecuada, podrás obtener esa gran realización y gozo. Si sigues ese camino, sabrás que Dios no se conmueve con las plegarias ciegas o la adulación, sino que se conmueve con la obediencia a la ley, la devoción y el amor de tu corazón. Además de practicar las técnicas de meditación, debes entregarte a Dios. Debes reclamar tu derecho divino de nacimiento. La oración constante, una decisión inquebrantable y un incesante deseo de Dios harán que Él rompa su tremendo voto de silencio y te responda. Sobre todo, en el templo de silencio, Él te concederá el regalo de Sí mismo, que perdurará más allá del umbral de la muerte.

