LA FELICIDAD ES NUESTRO PATRIMONIO

Señor, haz que nos demos cuenta de que no podemos ser felices mientras no busquemos satisfacción en el desarrollo espiritual, protegiendo la paz de nuestra mente contra toda influencia que pudiera perturbarla. Permítenos entender que la felicidad llega no sólo por pensar en ella vagamente, sino esforzándonos por expresarla en todos nuestros actos y estados de ánimo.
Sea cual sea la tarea que estemos desempeñando, enséñanos a sentir la divina corriente subterránea, el oculto río de bienaventuranza, que fluye incesante bajo las arenas de nuestras miríadas de pensamientos y bajo el suelo pedregoso de las dificultades.